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Aumentan asesinatos de mujeres a manos de sus cónyuges en El Salvador

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San Salvador.-

Salvador

Registran 12 casos hasta agosto pasado, la misma cantidad con la que se cerró 2013, según un organismo que vela por mujeres.

Brendy Arely Campos es una de las salvadoreñas que —en lo que va del año—han muerto a manos de sus parejas. Ellas también son víctimas del Estado porque este no les garantizó protección pese a que, en algunos casos, ellas la habían solicitado. En agosto pasado se superó la cifra de mujeres asesinadas en estas circunstancias con respecto a las registradas en 2013, según el Observatorio de Violencia contra las Mujeres de la Organización de Mujeres Salvadoreñas por la Paz (Ormusa).

Vilma Vaquerano, representante de la organización, asegura que 12 mujeres fueron ultimadas por sus cónyuges hasta agosto, es decir el mismo número de feminicidios registrado el año pasado. Mientras que hasta septiembre, la cifra de mujeres asesinadas en diferentes circunstancias (no solo por sus parejas) fue de 215, igual número de casos documentados al final de 2013.

Brendy Campos, de 28 años, fue asesinada el 1 de octubre en el cantón Miraflores, en San Miguel. Su atacante fue Heriberto Paniagua, con quien engendró una niña que actualmente tiene 4 años. Algunos parientes de Campos relataron que la pareja se había separado desde hace varios meses pero Paniagua acosaba a Brendy para que volviera con él. Como la mujer siempre se negaba, él trató de agredirla en varias ocasiones; incluso la amenazó de muerte porque creía que ya tenía una nueva pareja sentimental.

Por temor a que le hiciera daño, unos días antes del feminicidio, Brendy lo denunció y un juzgado decretó que se le diera protección. El tribunal le puso restricciones al agresor para que pudiera ver a su hija y para que no se acercara a su expareja. Sin embargo, la decisión judicial no evitó que la historia terminara en tragedia, ya que ni la Policía ni el Juzgado verificaron que Paniagua cumpliera la medida. De nada valió la restricción porque él la mató a balazos frente a la hija de ambos; mientras que otra niña de siete años, que era solo de Campos, estaba en la escuela.

Testigos del hecho relataron que Heriberto llegó armado y enfurecido a la casa de su excónyuge e inició una pelea. La mujer vio que Paniagua sacó una pistola y corrió junto con su hija hacia una casa vecina para pedir auxilio. El sujeto las persiguió y cuando las alcanzó la hirió de muerte.

Un mes y medio antes, en Santa Ana, Eduardo Amílcar Larín, de 53 años, mató a su compañera de vida, Delmy Aracely Ascencio, de 19. También lesionó a su cuñada, de 17, cuando intentó defender a su hermana. Según los dolientes, la marcada diferencia de edad entre ellos los hacía enfrentarse constantemente. En marzo, cinco meses antes del homicidio, él incendió la casa sabiendo que su pareja estaba dentro. La oportuna reacción de vecinos y autoridades la salvaron de morir. Atentados como los que sufrieron Brendy, Delmy y su hermana ocurren con frecuencia en el país a todo nivel social; pero no todos terminan en muerte, ni siempre se hacen públicos.